Martes, 18 de Junio 2024

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No fui buena para hacer dinero

Por: Argelia García F.

No fui buena para hacer dinero

No fui buena para hacer dinero

Tengo 37 años. He trabajado desde la temprana juventud a fuerza y convencimiento por parte de mis padres -herederos absolutos de la cultura del esfuerzo- de que un universitario sin experiencia, no tendría las mismas facilidades en el futuro, que uno que se la hubiera pasado en la baba o se hubiese dedicado a ser ratón de biblioteca. En todos estos años, y frente a cualquier situación en mi vida, he trabajado y he aceptado casi cuanta “oportunidad” se me hubiera presentado a forma de explotación laboral, y es que cuando uno es joven, nos ofrecen oportunidades, no chambas.

Ya pasados los años y en diferentes coyunturas (o sea crisis pero es más digno decirles así), he aprendido a gozar de los trabajos y “oportunidades” que en mi etapa de productividad se me han atravesado. También he tenido que trabajar no para sacar a una familia adelante, sino para vivir, o sobrevivir, según haya sido el caso -eso sí-, con mucha entereza, tenacidad o más bien necedad, pero viendo hacia atrás, nunca me sentí miserable (del todo).

Fui por muchísimos años empleada, gocé de las mieles de las quincenas, aguinaldos, las rosas del día de la mujer, el medio día libre con su respectiva reproducción de aquel clásico de Denise de Kalaf -que por fin suena posfechado el día de hoy-, pero que sonó cada día de las madres desde que nací hasta que empecé a pagarle al SAT mis dividendos. Además de los famosos fondos de ahorro que siempre olvidé y que se se iba gestando mes con mes y, cada año: favor divino que sentía al ver depositado en mi cuenta aquel regalo que yo misma había acumulado sin consciencia, y que el contador tanto empeño había puesto por hacerlo bien. Desde aquí mi reconocimiento también a los contadores, su labor es invaluable, pero se merecen otra columna a parte de esta. También -en mí era de Godín- me sentía orgullosísima de que cuando llegaba mi cheque, se vieran reflejados mis impuestos que tan loablemente hacía el favor tanto el patrón, como su segura servidora de rendirle a mi hermoso país. Me iba a mi casa feliz y satisfecha: ya trabajé, ya colaboré, ya voy a comer y si da chance, también voy a beber, el país, puede contar conmigo.

Pero no es que no estuviera diseñada para ser empleada, como digo, tiene muchísimos beneficios, nomás que estaba diseñada o marcada de infancia para ser otra cosa que eso nada más. En otra circunstancia -que insisto, es mucho más amable que decirles crisis- me vi en la maravillosa situación de no hacerme pato ni un solo día más y y dedicarme a lo que amo hacer todos los días. El punto es que ahora yo que tengo un pequeñito negocio, me doy cuenta que no tengo la mentalidad de una empresaria, para eso -y ahí sí quizá tenían razón mis padres- hay que estudiar o tener experiencia específica, y yo aunque interesada en mi bienestar y el de mi familia, no tengo demasiadas necesidades a lo que usted podría preguntarse, a ojos de quién.

Después de todos estos años y dada la experiencia en tantas áreas acumuladas, yo me pregunto en realidad ¿cómo hacer dinero? Y creo que la respuesta está y ha estado por años en la punta de mis narices, pero por muy elevada y muy idealista y muy soñadora que me siento pues no la había visto con tanta claridad. Aquí van algunas de mis recientes ideas a raíz de mis últimos apuntes de estos meses. Principal cliente: el partido que le guste o en el que le den oportunidad, proyecto: vender gorras o ser los que las bordan, comprar lápices y plumas y decorarlas o marcarles en letra ilegible el distrito y el candidato a diputado que le alcanzó para llevar a las escuelas los artículos descritos, playeras de todas las tallas porque eso de que sean chiquitas ya no les gusta a las chavitas, ahora las quieren “oversize” para amarrárselas a la cintura, ya con la compra de las playeras de paso damos chamba u oportunidad -según se vea- a niños en Pakistán, India o China; ser fabricante o impresor, yo pensé que el sueño de Gutenberg había muerto pero nuestros notables candidatos lo han traído de vuelta a la vida. ¡Árboles!, se pueden plantar miles y miles de hectáreas para en tres años estar listos y podarlos para hacer los panfletos a distribuir, lonas, transportes, canasteros, gente que hace banderas, paraguas o en este caso parasoles, camisas finísimas para los meros meros, calcomanías para los coches y un despliegue de más comercios que seguro harán más negocio que yo.

Pero tengamos claras ciertas cosas, no todo se compra, no todo se vende, hay una lista interminable de cosas más importantes que un proceso electoral y lo que se genere ahí. Soy, somos capaces de soñar sueños y de seguir poniendo más a donde creemos que más me da. En veinte años, o en tres, o en seis, espero todos podamos realizarlos, de las oportunidades que se nos brinden y la movilidad social que se pueda generar en este próximo futuro se encargarán los gobernantes, si todos pudiéramos realizarlos, ahí sí que me sentiría millonaria.

argeliagf@informador.com.mx • @argelinapanyvina

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